La depresión está vinculada con un mayor riesgo de ictus, aunque también es muy común que las personas desarrollen trastornos emocionales tras sufrir un ictus. Según ciertos estudios, casi un 30 % de los supervivientes de un ictus desarrolla una depresión, ya sea en las etapas iniciales o en las más avanzadas tras el ictus, lo que puede afectar a la recuperación y a la calidad de vida (1).

La depresión postictus (DPI) es más común después de un gran ictus que de uno pequeño y se da más en los ancianos que en los jóvenes. Puede ser difícil de diagnosticar debido a otras deficiencias cognitivas como, por ejemplo, problemas en el habla, problemas de memoria y dificultad para reconocer objetos y personas (2, 3).

Aunque, después de un ictus, todo el mundo sufre en mayor o menor medida problemas emocionales, habrá que solicitar ayuda si varios de estos síntomas aparecen juntos o si lo hacen de forma frecuente y prolongada:

  1. Sentimientos de tristeza, ansiedad o vacío persistentes

Es normal sentirse triste o preocupado después de un ictus. Con frecuencia, las personas sienten una lógica preocupación por presiones económicas o por la reacción de familiares y amigos. En cualquier caso, si esos sentimientos de ansiedad se vuelven abrumadores, es el momento de buscar ayuda.

  1. Alteraciones del sueño y fatiga

Alrededor de dos tercios de los supervivientes de ictus sufren trastornos respiratorios del sueño (TRS), lo que significa que el sueño se les interrumpe varias veces en una noche (4). Dormir bien es una parte importante del proceso de recuperación tras un ictus.

  1. Cambios en los hábitos de alimentación

Después de un ictus, son muy comunes los problemas al tragar y por ello es lógico que los patrones alimentarios de un superviviente de ictus cambien. No obstante, una diferencia notable de pérdida o ganancia de peso puede ser un síntoma de depresión.

  1. Pérdida de interés en actividades o pasatiempos

Los ictus suelen producir parálisis, lo que no solo dificulta actividades cotidianas como comer o lavar, sino que también hace que el superviviente de ictus deje de participar en actividades que antes le gustaban. Es la falta de interés en dichas actividades, más que la incapacidad de llevarlas a cabo, lo que supone un síntoma de depresión (2).

  1. Irritabilidad

Después de un ictus, es normal que las personas sientan enfado y frustración, ya que tareas que antes les resultaban sencillas, como atarse los cordones de los zapatos, ahora se vuelven increíblemente difíciles. Aunque la irritabilidad también puede ser una señal de depresión, pudiendo obstaculizar la recuperación y menoscabar la salud si dura mucho tiempo.

La depresión está clasificada como uno de los diez principales factores de riesgo de ictus modificables (5). Aunque los ictus recurrentes se suelen asociar más a la hipertensión arterial, a las enfermedades del corazón y a un latido irregular de este, también hay que tratar estos trastornos psicológicos, ya que pueden provocar que los pacientes dejen de tomar sus medicamentos o no sigan los consejos médicos destinados a reducir el riesgo de ictus (6).

Referencias:

  1. Stefano Paolucci. Epidemiology and post-stroke depression. Neuropsychiatr Dis Treat. 2008 Feb: 4 (1): 145-154. Publicado en línea en febrero de 2008.
  2. Depression after a stroke. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmedhealth/PMH0072397/
  3. Johan Lökk, Ahmad Delbari. Management of depression in elderly stroke patients. Neuropsychiatr Dis Treat. 2010; 6: 539-549. Publicado en línea el 7 de septiembre de 2010. Doi: 10.2147/NDT.S7637.
  4. https://www.stroke.org/sites/default/files/resources/NSAFactSheet_SleepDisorders_2014.pdf
  5. Martin J O’Donell, Siu Lim Chin, Sumathy Rangarajan et al. Global and regional effects of potentially modifiable risk factors associated with acute stroke in 32 countries (INTERSTROKE): a case-control study. Lancet 2016; 388: 761-75. Publicado en línea el 15 de julio de 2016 https://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736 (16) 30506-2.
  6. Modrego PJ, Pina MA, Fraj MM, Llorens N. Type, causes and prognosis of stroke recurrence in the province of Teruel, Spain. A 5-year analysis. Neurol Sci. 2000 Dec;21 (6): 355-60.
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